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viernes, 6 de enero de 2012

La ciudad de los niños (la città dei bambini)

Hace poco leí en el diario El País que la costumbre de dejar jugar a los niños en el parque sin supervisión está desapareciendo. Los padres sienten miedo ante la idea de que sus hijos puedan estar en peligro o no sepan defenderse ante algunas situaciones y, por eso mismo, prohiben o, simplemente, no crean el hábito de juego fuera de casa.

En el artículo hablaban de estadísticas, durante los años 90, el 95% de los niños de entre 6 y 12 años iba solo a la escuela y regresaba solo a casa. Actualmente, sólo el 5% tiene este hábito. Lo mismo sucede con los parques o zonas de ocio, los padres se fían antes de los centros comerciales por su vigilancia y su bajo índice de accidentes o peligros que de los parques de su propio vecindario.

Los tiempos cambian pero hay actitudes que deberían permanecer siempre iguales. Los niños deben jugar en el parque sin supervisión y aprender a no depender tanto de sus padres. Estos mismos niños cuando empiecen la adolescencia superarán con mayor facilidad los obstáculos de la vida. Tampoco debería cambiar que los niños fueran solos a la escuela, tal vez con seis u ocho años no, pero con 10 están capacitados para ello y se sienten más realizados.

Francesco Tonucci creó un proyecto dedicado a los niños y los espacios de juego dentro de la ciudad. Creo que es un buen método informativo para todos, sobre todo para esos padres que no saben como empezar a tratar la preadolescencia o, simplemente, para los que sientan temor a dejarlos libres. 

viernes, 16 de diciembre de 2011

Influencia del fútbol

Como monitora deportiva veo la influencia que el fútbol causa en los niños y, desde luego, no es muy buena. Por una parte, está bien que les guste y eso les anime a jugar y practicar deporte pero, por otra parte, aprenden comportamientos nefastos.

Los niños son esponjas que retienen la información y, sobre todo, son muy egoístas por lo que, si no aceptan las normas del juego, buscarán cualquier pretexto para no tener que cumplirlas (además sin que se note). No solo lo hacen en el fútbol, también en baloncesto, hockey, balonmano e, incluso, en patinaje. Se tiran al suelo, revolcándose de dolor, con la expresión de pena y quejándose.

Es un claro comportamiento que han aprendido de la televisión y, por desgracia, del fútbol. Tal vez piensen que podría ser de otro deporte, pero no es así porque las grandes noticias del deporte hacen referencia al fútbol. Los padres suelen verlo y, últimamente, se está hablando mucho de él por lo que tiene gran relevancia en padres e hijos. 

No sería la primera vez que un padre aporrea al entrenador de su hijo...  

martes, 6 de diciembre de 2011

Carta de un hijo a todos los padres

No me des todo lo que te pido.
A veces solo lo pido para ver
todo lo que puedo conseguir.

No me grites.
Te respeto menos cuando lo haces;
me enseñas a gritar a mi también.
Y yo no lo quiero hacer.

No me des siempre órdenes.
Si en lugar de órdenes, a veces me pidieses las cosas,
yo lo haría mas rápido y con mas ganas.

Cumple las promesas, buenas y malas.
Si me prometes un premio, dámelo;
pero también si es un castigo.

No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana.
Si tu me haces sentir mejor que los otros, alguien sufrirá;
y si me haces sentir peor, seré yo quien sufra.

No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que he de hacer.
Decide y no cambies esta decisión.
Deja que me valga por mi mismo.
Si tu lo haces todo por mi, yo nunca podré aprender.

No digas mentiras delante mio,
ni me pidas que lo haga por ti,
aun que sea para sacarte de un problema.
Me haces sentir mal y me haces perder fe en aquello que me dices.

Cuando haga una cosa mal,
no me exijas que te diga porqué lo he hecho,
A veces ni yo mismo lo sé.

Cuando estés equivocado en alguna cosa, no lo niegues y crecerá la opinión que tengo sobre ti,
y así me enseñarás a no negar mis equivocaciones también.

Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con la que tratas a tus amigos.
Porque seamos familiares no quiere decir que no podamos ser amigos también.

No me digas que haga una cosa que tu no haces.
Yo aprenderé lo que tu hagas, aunque no me lo digas.
Pero nunca haré lo que tu digas y no haces.

Cuando explique un problema mio, no me digas "No tengo tiempo para tonterías",
o "eso no tiene importancia".
Trata de entenderme y ayudarme.

Y quiéreme y dímelo.
A mi me gusta escuchar como lo dices, aunque no creas necesario decírmelo.